El debate que Colombia merece

En una democracia sólida, el debate presidencial no es un favor ni una estrategia opcional: es un deber ineludible frente a los ciudadanos. Sin embargo, en Colombia, este principio básico parece diluirse en medio de cálculos políticos y conveniencias electorales. La ausencia de Iván Cepeda en escenarios clave de discusión pública no solo genera inquietudes sobre su disposición al escrutinio, sino que revive una contradicción evidente frente a sus propias posturas del pasado. Hoy, cuando el país exige claridad, propuestas y carácter, evadir el debate no es neutral: es negarle al ciudadano el derecho de conocer a fondo a quien aspira a gobernarlo.
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Más allá de una estrategia de campaña, lo que está en juego es la calidad misma de la democracia colombiana. Los debates son el único espacio donde las ideas se confrontan sin filtros y donde el liderazgo se pone a prueba en tiempo real. En un país que ya ha pagado el precio de elegir desde la emoción y no desde el contenido, resulta urgente exigir transparencia y coherencia. Este análisis abre una discusión de fondo sobre el rumbo electoral y la responsabilidad de quienes aspiran al poder.
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