Descertificación de Colombia: el costo internacional del gobierno Petro

Un país que retrocede a 1997
Gustavo Petro prometió cambiar la historia del país. Y lo logró: nos devolvió a 1997, cuando Colombia fue señalada como un Estado incapaz de cumplir con su deber contra el narcotráfico. La descertificación nos confirma lo que ya sabíamos, Petro entregó a Colombia a las mafias, destruyó la confianza internacional y convirtió a Colombia en un socio poco confiable en el escenario global.
En este momento no hay sanciones comerciales, migratorias ni de cooperación, tampoco en los organismos multilaterales. Pero que esto se mantenga depende de que Colombia pueda presentar y ejecutar pronto un plan de acción serio para fortalecer la lucha contra el narcotráfico. Debemos actuar con rapidez, porque lo que hoy parece un campanazo de alerta puede convertirse mañana en una sanción real con consecuencias devastadoras para la economía, la seguridad y la estabilidad institucional del país.
La vergüenza internacional de un gobierno complaciente
La descertificación de Colombia por parte de Estados Unidos es una vergüenza internacional que expone el desorden, la improvisación y la peligrosa complacencia del gobierno Petro frente al narcotráfico. No solo son preocupantes las cifras récord de coca (más de 253.000 hectáreas) o la producción desbordada de cocaína. Pero lo verdaderamente alarmante es el mensaje político: Petro se puso del lado de los peores criminales. Mientras el Clan del Golfo, las disidencias de las FARC y el ELN celebran su fortalecimiento territorial y económico, los colombianos de bien pagamos las consecuencias con más violencia, más reclutamiento forzado y más desconfianza internacional.
Los únicos ganadores de este gobierno han sido los violentos. Y Petro, con sus absurdas declaraciones y su ambigüedad frente a la extradición y la erradicación, ha demostrado que su interés no es salvar a Colombia, sino entregarla en bandeja de plata a las mafias.
Colombia necesita recuperar su credibilidad
Petro ha convertido a Colombia en un socio poco confiable. Su obsesión por ideologizar la política antidrogas no solo nos dejó sin resultados, sino que hoy nos deja sin aliados. En lugar de enfrentar a los carteles, los legitimó con la excusa de la ‘paz total’. En vez de honrar la extradición, la llenó de trabas. Y cuando debía mostrar autoridad, mostró debilidad.
El país sí tiene salidas: reconstruir la confianza internacional con hechos, retomar la erradicación acompañada de proyectos productivos serios, acelerar las extradiciones, atacar la economíadel crimen y recuperar la cooperación estratégica con Estados Unidos. Pero esas salidas no llegarán de la mano de Petro, porque su intención es otra: mantener un relato ideológico aunque eso implique condenar a Colombia al aislamiento, la violencia y la pobreza.
La descertificación es el espejo de lo que Petro ha hecho con Colombia: desinstitucionalizar, improvisar y arrodillarse ante los violentos. Si este gobierno no corrige y todo indica que no lo hará, la descertificación será apenas el comienzo de un declive internacional que terminará por convertir a Colombia en un Estado débil, sin aliados y con los criminales dictando la agenda.
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