La paz no se negocia con sangre

La paz no se negocia con sangre Wilson Ruiz Orejuela
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He advertido durante meses que la llamada “paz total” no podía convertirse en una puerta abierta para fortalecer estructuras criminales mientras el país seguía contando muertos. Hoy, la intención del Gobierno de suspender órdenes de captura contra cabecillas del Clan del Golfo, incluido alias Chiquito Malo, demuestra hasta qué punto se están cruzando límites peligrosos en nombre de una negociación que no le está devolviendo tranquilidad a Colombia. Mientras las regiones viven bajo el miedo, las masacres aumentan y los uniformados siguen siendo asesinados, el crimen organizado parece ganar tiempo, territorio y poder.

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En esta columna explico por qué considero que estas decisiones no solo debilitan la autoridad del Estado, sino que ponen en riesgo la confianza en la justicia y en las instituciones. La paz no puede construirse premiando a quienes continúan sembrando terror ni entregando concesiones mientras las víctimas siguen esperando respuestas. Los invito a leer la columna completa en Revista Semana, donde analizo las implicaciones políticas, jurídicas y éticas de este proceso que hoy tiene al país profundamente preocupado.

👉 Te invito a leer el artículo completo en Revista Semana, y déjame saber qué opinas.

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